Sigo aqui, en este café, el de siempre, en el boulevard de siempre, con el mismo periódico de siempre. Pido un café al paisano desgraciado, sin darme cuenta de lo increíble que es estar de éste lado y no de aquél. Y , como siempre que interactuo con el exterior, siguen martilleándome las mismas preguntas al servirme el café,¿cómo será la vida de éste pobre infeliz?, ¿qué conjunción de ingredientes se darán cita en este café que me ha servido?, ¿qué extraña sensación se produce en mi interior al percibir como el aire arrastra el humo cálido de esta sustancia?. Otra vez me doy cuenta de que todas las cosas que me rodean, ya sean tangibles o intangibles, están conectadas...el camarero, el café, mis sensaciones al ver a ambos, yo mismo con mis sensaciones. Una vez mas, vuelvo a sentir por un momento un placer inmenso al descubrir esa conexión, pero esta felicidad brutal se ve colapsada de nuevo por la desgastada vuelta a la realidad. ¿Cómo podré asimilar, que aún habiendo un hilo que conduce y manipula fielmente la vida de cada ser humano para con el resto, pueda existir entre nosotros un vacío tan grande?. Y vuelvo a pensar en la muerte, vuelvo a compararla con nuestra distancia ... y una vez mas me doy cuenta de que la única forma de vencer ese vacío tan nuestro, es enfrentarme a él. Siempre al llegar a este punto se produce en mi cabeza una increíble confusión, que me lleva de nuevo a olvidarlo y recomenzar...
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